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    Lesiones deportivas (parte 2)

    Continuando con el artículo de la prevención de lesiones deportivas por mala técnica o por exceso en la carga de entrenamientos, comenzaremos a analizar cinco aspectos que se pueden controlar y dosificar, ya que habíamos enunciado factores que pueden incidir de manera directa y que esté a nuestro alcance mejorarlos, pero hay otros sobre los cuales ya que no podemos hacer nada, como la edad o el historial de lesiones deportivas recurrentes

    1. Entrenar correcta y adecuadamente

    Entrenar implica preparar a tu cuerpo para poder afrontar con garantías una actividad concreta. Por tanto, tu entrenamiento se basará en ejercicios específicos de adaptación a dicha actividad. Trabajar volúmenes, intensidades y coordinación son sólo algunas de las pautas a tener en cuenta de cara a realizar un entrenamiento específico y de calidad.

    Pero no es suficiente con esto. Además deberemos prestar, en paralelo, atención al calentamiento previo y a una completa tabla de estiramientos con el fin de prevenir lesiones deportivas indeseables.

    El calentamiento es una forma de preparar el organismo para realizar actividades físicas. Cumple con dos propósitos: prevenir una lesión muscular y optimizar el rendimiento deportivo. Por lo tanto, constituye un factor determinante en la buena práctica física.

    En estado de reposo, los vasos y conductos sanguíneos están cerrados, debido al bajo flujo sanguíneo. Por eso es necesario ir abriendo tales vasos para que haya un mayor flujo de sangre y así el cuerpo se prepare para el ejercicio. Esto aumenta la temperatura del músculo y eleva su coordinación, evitando así lesiones.

    El calentamiento debe realizarse antes del entrenamiento. Comienza con el movimiento de los grandes grupos musculares y luego con músculos específicos. Debe incluir también estiramientos. La última etapa del calentamiento se orienta específicamente al deporte que se va a practicar.

    La flexibilidad articular es decisiva para prevenir una lesión muscular y mejorar el rendimiento físico. Los ejercicios orientados a facilitarla deben realizarse durante el calentamiento y el enfriamiento.

    Cuando hay buena flexibilidad muscular aumenta el rango de los movimientos, la coordinación, la fuerza y la propiocepción. Tal flexibilidad no es igual en todas las articulaciones y además disminuye con la edad. Se puede fortalecer con los ejercicios apropiados y una alimentación adecuada, que incluya complementos alimenticios.

    Cuando alguien sufre una lesión deportiva, tanto la coordinación como la propiocepción (consciencia de sensaciones musculares) se ven seriamente afectadas. Estas habilidades son indispensables para integrar correctamente los nervios, los músculos y las articulaciones al hacer un ejercicio. De ahí que sea tan importante tener una buena flexibilidad en las articulaciones y de este modo prevenir una lesión muscular.

    2. Trabajar contra la fatiga

    Está demostrado científicamente que el riesgo de sufrir lesiones deportivas se incrementa notablemente cuando el músculo está fatigado. Por tanto, nuestros entrenamientos deberán ser adecuados para alejarnos la máximo de ese punto de fatiga. Y en caso de llegar a él, deberemos actuar en consecuencia, reduciendo las cargas (especialmente las excéntricas) y la exigencia de rendimiento.

    Otro aspecto a tener en cuenta en el tratamiento de la fatiga está en el descanso. Tan importante es saber entrenar adecuadamente como saber descansar lo suficiente y en el momento adecuado. Escuchar al cuerpo y programar estos descansos también es parte del entrenamiento.

    Es muy importante realizar un acondicionamiento físico progresivo. Las estructuras del aparato locomotor deben incrementar su capacidad para hacer frente a las exigencias físicas. Esto se logra mediante un proceso paulatino, que no se debe acelerar.

    El sistema óseo también se adapta poco a poco al incremento de cargas. Con el aumento de la práctica, los huesos se van haciendo más robustos y fuertes. Sin embargo, esto solo ocurre después de un tiempo. Mientras se alcanza un mejor estado óseo, se debe ser precavido. El soporte del proceso es una nutrición con alto nivel de vitaminas, proteínas y suplementos alimenticios.

    De la misma manera, solo con un acondicionamiento gradual se logra una protección adecuada de los cartílagos. Estos son frágiles en las personas sedentarias. Por lo tanto, unos pasos bruscos de la inactividad a las rutinas de ejercicio, podrían fácilmente ocasionar una lesión.

     

    Continuaremos analizando los otros tres aspectos restantes que inciden de manera directa en la aparición de lesiones deportivas.